- Mamá para de llamarme, estoy intentado encontrar el piso y no puedo hacerlo si cada cinco minutos me esta sonando el móvil, o paras o me veré obligada a apagar el teléfono.- digo parada en la acera buscando el nombre de mi calle en las indicaciones del cruce.
- Cariño.. pregunta a alguien.
- Mamá... lo sé.. no soy tonta, te dejo, ya he encontrado mi calle, te llamo más tranquilamente cuando esté en el piso.Os quiero.- cuelgo directamente.
Unas escaleritas y una gran puerta de madera es lo que me separa ahora de mi casa. Se supone que mi casero debe estar aquí...es el primero c, pulso el timbre.
- ¿Oui?
- Salut! Je suis Estrella. - intento pronunciar de la mejor manera.
- Entra...- dice simpáticamente aliviándome un poco debido también a su mala pronunciación.
Su nombre es Philippe, tendrá aproximadamente unos 60 años y físicamente es de mediana altura y más bien gordito. Debe de ser por la buena respostería francesa. Su mujer, Monique, está dentro de la casa, gracias a dios ella si que habla bastante bien el español.
- Hola Estrella, bienvenida a París.- me da dos besos y cierra la puerta- ¿Te ha costado mucho encontrar la casa?
- Un poco.
Me indican el camino hasta el salón, es igual que las fotos que vi desde mi antigua casa. Y ahí esta.. lo que más me gusta de todo mi nuevo hogar, el precioso y gran jardín que puedo ver a través de los grandes ventanales del salón.
- ¿Te gusta?- dice Monique.
- Me encanta.- les sonrío.
- Mi marido ha hecho posible que esté así, él quiere venir un día por semana a arreglarlo si no le importa claro. Es su mayor pasión.- abre los ventanales para que pueda notar el dulce olor que desprende.
- Claro que sí, no tengo ningún problema.
Monique y Philippe me enseñan el resto del piso, me han dejado los muebles, tal y como hablamos por teléfono. Son muy simpáticos, y se han preocupado bastante por todo mi bien, me han dejado una lista con los supermercados, médicos y demás más cercanos a casa. Me han dado su teléfono para cualquier problema que tenga y vendrán cada día durante esta semana ha hacerme una visita para ayudar a instalarme.
- ¿Te viene bien que mañana vengamos por la tarde?- me pregunta Monique poniéndose el abrigo.
- Claro, no tengo ningún problema. Muchas gracias por ti.
- Adiós Estrella, yo esperar que todo esté tu gusto – sonríe Philippe.
- Adiós, todo está a mi gran gusto.
Estoy realmente agotada, pero estoy obligada a llamar a mi madre o sino perderá el juicio. Se tranquiliza al ver que todo está tal y como yo esperaba, nunca se ha fijado de Internet. Le gusta Monique y Philippe y me ruega que con cualquier cosa que pase que se lo diga y cogerán un avión para estar conmigo.
Tras una hora de siesta.
Gracias a Dios mi colchón es cómodo, muy cómodo. Me que quedado como nueva. Ahora toca deshacer la maleta, comer algo ya que mis tripas me lo están gritando y pegarme una buena ducha.
No es posible, la nevera está llena de comida, hay de todo... se me a abierto el cielo. Cuando he abierto la maleta parece como si me fuera dado las gracias, es impresionante todo lo que hay ahí metido. Todas mis cajas de la mudanza llegarán en unos días o incluso en semanas, así que necesitaba que me cabiera todo lo necesario para subsistir mientras que éstas no lleguan.
Saco toda la ropa y la voy colocando de forma orenada; nueva característica de la que tendré que dotarme; en el armario. Después las cosas de baño: perfúmenes, crema depilatoria, pasta y cepillo de dientes... me gusta mi baño, tiene unos bonitos azulejos con unos dibujos curiosos. Mientras voy acomodándome a mi nuevo hogar suena una bonita canción en la radio y justo cuando esta acaba con su última nota... mi bb parpadea.
Y así interrumpió mi calma... mi primer y único amor.

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